lunes, 10 de febrero de 2014

La II República. 2ª parte.

A partir de ahora, el tema lo dividimos en tres fases desde el punto de vista de la evolución política: el bienio reformista (diciembre 1931-noviembre 1933), el bienio conservador (noviembre 1933-febrero1936) y el gobierno del frente Popular (febrero-julio 1936).
El 10 de diciembre de 1931, aprobada la Constitución republicana, fue nombrado por las Cortes Niceto Alcalá Zamora Presidente de la República Española. Su carácter conservador y católico agradaba a los partidos de derecha, mientras que su compromiso con la República le hacía ser bien valorado por las izquierdas republicanas.

Niceto Alcalá Zamora
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Manuel Azaña

El primer gobierno constitucional de la República estaba dirigido, como ya sabemos, por Manuel Azaña. Éste formó un gabiente integrado básicamente por republicanos de izquierda, dejando fuera a los radicales de Lerroux y, por supuesto, a la derecha republicana. Continuó con las reformas emprendidas durante los meses anteriores y puso en marcha la más polémica, difícil y necesaria de todas las que activó: la Reforma Agraria.

La situación del campo en España, como ya hemos visto, era de una gran diversidad: al norte, predominio de minifundios en manos de pequeños propietarios que prácticamente sobrevivían con su producción, mientras que en el sur se concentraban multitud de latifundios en manos de terratenientes (nobles o burgueses) que no estaban adecuadamente puestos en explotación mientras que existía una gran masa campesina de jornaleros en paro o con situación de trabajo estacional, mal pagado y sin garantías. El objetivo de la reforma de Azaña era acabar con esta situación expropiando ciertas tierras y asentando en ellas a jornaleros sin tierra. 

La forma de hacerlo pasaba por la expropiación de tierras, siguiendo dos modalidades: por un lado, sin indemnización, para aquellas tierras en manos de grandes nobles; por otro, con indemnización, que era el resto de la tierras expropiable (la próxima a los municipios, la que estando en áreas de regadío no usaba el regadío y la mal cultivada o sin cultivar). Para gestionar todo esto, creó el Instituto para la Reforma Agraria (IRA) que debía de listar las tierras expropiables, administrar las indemnizaciones y asentar a los campesinos. 

La reforma agraria encontró la oposición de las clases propietarias y terratenientes que vieron cómo iban a perder su capital agrario por un bajo precio, quienes apoyaron el intento de golpe de estado perpetrado por el general Sanjurjo. Por otra parte, la escasa financiación (recordemos que tan solo han pasado tres años desde el crack del 29 y aún la crisis financiera está viva) ralentizó mucho las expropiaciones, lo que provocó que la masa campesina se inquietase y llevase a cabo movilizaciones contra el gobierno por incumplir la promesa. Precisamente una de estas revoluciones, la que se produjo en Casas Viejas, provocó una masacre cometida por la Guardia Civil y la de Asalto en enero de 1933 y prendió en la opinión pública debilitando al gobierno y a las izquierdas hasta el punto de culminar con la disolución del gobierno (hubo más motivos, pero este restó apoyo popular al gobierno) y la convocatoria de elecciones en noviembre de ese año 1933.

Las izquierdas, debilitadas y muy cuestionadas por sus bases, concurrieron a las elecciones muy divididas. En cambio, los grupos conservadores, católicos y propietarios, se aglutinaron en torno a la derecha representada por José María Gil Robles, que fue el creador de la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas), partido de ideología muy conservadora y sin adhesión clara a la República cuyo programa político se basaba en esencia en frenar el ímpetu reformista del gobierno anterior.

Alejandro Lerroux en el ABC
Así las cosas, y con el sufragio femenino por primera vez en la historia, la derecha arrasó en las elecciones, siendo seguidos de cerca por el partido Radical. Alcalá Zamora, tratando de evitar una polarización precipitada de la política en España y ante la escasa fidelidad mostrada por la CEDA al régimen republicano, decidió formar gobierno con Alejandro Lerroux, que dejó fuera a la CEDA y nombró un gobierno muy moderado de centro. Pronto la división interna en su partido obligó a modificar los ministerios y entraron tres ministros de la CEDA. Para muchos esto suponía una agresión a la República, y optaron por tomar otras medidas. Se convocó una huelga general a finales de verano mientras el gobierno continuaba la paralización de la reforma agraria, la militar, anmistiaba a los insugentes de la Sanjurjada de 1932, devolvía poder a la Iglesia y frenaba la concesión de Autonomias. 

Esa huelga general estuvo muy  ligada a la figura de Largo Caballero, el representante del ala radical del PSOE. Éste defendía la revolución para llegar a un estado socialista y, tras la entrada al gobierno de la CEDA, dio por finiquitada la legalidad republicana. La huelga apenas tuvo éxito en Madrid; en Cataluña, el presidente de la Generalitat proclamó el Estado Catalán y sufrió una represion brutal por parte del General Batet, que acabó con Companys en la cárcel. Pero donde más importancia tuvo fue en Asturias.

Allí, en octubre del 34, los obreros iniciaron una revolución de magnitud nunca vista hasta ese momento. Los obreros y mineros asturianos asaltaron cuarteles para obtener armas, represaliaron a propietarios, clérigos y destacados militantes de la derecha, e incluso sitiaron Oviedo. El gobierno encargó la represión a un joven Francisco Franco, destacado militar en el norte de África quien trajo consigo a la por él y por Millán Astray fundada Legión, y a las Tropas Regulares Indígenas. Unos 1500 muertos y más de 30000 detenidos fue el resultado de la revolución, incluyendo al propio Azaña que estaba en Barcelona y nada tenía que ver con el asunto.

La consecuencia más inmediata fue el incremento del control y la represión de ciertas acciones y el nombramiento de destacados militares desafectos a la República en altos cargos del Ejército, así como la entrada de mayoría de miembros de la CEDA en el gobierno (hasta cinco ministros de la CEDA entraron en el nuevo gobierno).

A finales de 1935, dos casos de corrupción (el caso Nombela y el straperlo) salpicaron directamente a los miembros del gobierno, lo que provocó que tras intentar sin éxito formar gobiernos estables, Alcalá Zamora convocase elecciones para febrero de 1936. A estas elecciones la izquierda concurrió formando un frente único al estilo francés, denominado Frente Popular. En él se incluían los partidos Izquierda Republicana (de Azaña, partido burgués progresista), Unión Republicana (la escisión por Martínez Barrio dentro de los Radicales, de centro-izquierda), PSOE (incluía a su sindicato UGT y a las Juventudes Socialistas, partido de índole marxista con su facción moderada liderada por Indalecio Prieto y la más exaltada dirigida por Largo Caballero), el Partido Comunista (escisión del marxismo en España desde 1921 y dirigido por Dolores Ibárruri, la "Pasionaria"), el Partido Sindicalista (escisión de la CNT y fundado por Ángel Pestaña para promover la participación obrera en política desde la óptica anarquista) y el POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista, dirigido por Andreu Nin que abominaba de Stalin y seguía la línea Trostkista del comunismo). Todos ellos tenían como meta la consecución de algunos objetivos comunes, tales como luchar contra el fascismo, como en Francia, y sacar a los conservadores del poder. 

La derecha trató de reorganizarse, aunque sirvió de poco. La CEDA concurrió a las elecciones muy desgastada por su participación con los gobiernos corruptos de Lerroux. Junto a ellos creció el Bloque Nacional, cofundado por Renovación Española y Comunión Tradicionalista, ambos representantes de extrema derecha y liderados conjuntamente por José Calvo Sotelo.

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Las elecciones las ganó ampliamente el Frente Popular, y Alcalá Zamora encargó gobierno a Azaña. Su primer propósito fue reactivar las reformas frenadas por Lerroux, en especial el asunto de las autonomías y el agrario, y obtener una amnistía para los detenidos y despedidos por participar en la revolución de octubre. Pero esta vez la resistencia de los conservadores y la presión de los obreros y jornaleros para acelerar aún más las reformas derivarán en un clima de auténtica violencia. Grupos armados como Falange y las JONS se destacaron hasta el punto que su líder, Primo de Rivera fue encarcelado y Falange ilegalizada. Por su parte, grupos de obreros exaltados sembraban el terror con la quema de iglesias y los tiroteos callejeros. Las Cortes, de mayoría frentepopulista, tomaron una decisión que a la postre iba a significar un punto de no retorno: el cese del presidente de la República Alcalá Zamora, quien hasta el momento no había gustado a nadie pero tampoco disgustado a todos. El cargo recayó entonces en Manuel Azaña, que nombró presidente a Santiago Casares Quiroga. Así las cosas, los militares comenzaron a forjar una conspiración parar acabar con el régimen bajo la batuta del "director" Emilio Mola. El gobierno debía saberlo y dispersó a los cargos de más dudosa fidelidad y los llevó a distantes puntos del territorio. Pero esta medida fue insuficiente. 

Tras un demoledor discurso de Gil Robles en el parlamento acerca de la situación de violencia del país, los ánimos se caldearon aún más. Así, el 12 de julio en Teniente Castillo, de la Guardia de Asalto (un organismo creado por la República para defenderla) y socialista fue asesinado en la calle por extremistas de derechas. Al día siguiente, José Calvo Sotelo fue detenido por extremistas de izquierda y asesinado un día después. El clima de violencia hizo que los militares precipitaran el golpe de estado. Así, tras el asesinato de Calvo Sotelo, Franco, que se había mostrado poco partidario del golpe todavía, dio el paso definitivo. En Canarias se pronunció en la madrugada del día 17 de julio, volando en el Dragon Rapid hasta el Marruecos español para hacerse cargo de las tropas allí destacadas. El 18 de julio el golpe se hizo extensivo a toda la península, aunque fracasó en buena parte del país. Allí donde había triunfado no había nada que les hiciera retroceder, por lo que España quedó partida en dos. Los militares decidieron continuar extendiendo el golpe por la fuerza y al gobierno no le quedó más que tratar de defender el régimen y mantener el orden establecido. Comenzaban así tres largos años que sumieron a España en una sangrienta Guerra Civil.

Para preparar el tema puedes ver cualquiera de los enlaces. En todos ellos hay temas sobre la II República. Pero sinceramente, yo te recomiendo que utilices las dos entradas de este blog sobre el tema. Si eres capaz de hacerlo tuyo, ya lo tienes.

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