lunes, 20 de enero de 2014

Tratado de Paz entre EEUU y España 1898. La Paz de París


Art. 1.° España renuncia a todo derecho de soberanía y propiedad sobre Cuba. En atención a que dicha isla, cuando sea evacuada por España, va a ser ocupada por los Estados Unidos, éstos, mientras dure su ocupación, tomarán sobre sí y cumplirán las obligaciones que, por el hecho de ocuparla, les impone el derecho internacional para la protección de vidas y haciendas.
 Art. 2.° España cede a los Estados Unidos la isla de Puerto Rico y las demás que están ahora bajo su soberanía en las Indias Occidentales, y la isla de Guam en el archipiélago de las Marianas o Ladrones.
 Art. 3.° España cede a los Estados Unidos el archipiélago conocido por las Islas Filipinas [...]. Los Estados Unidos pagarán a España la suma de veinte millones de dólares (20.000.000) dentro de los tres meses después del canje de ratificaciones del presente Tratado.
 Art. 6.° España, al ser firmado el presente tratado, pondrá en libertad a todos los prisioneros de guerra y a todos los detenidos o presos por delitos políticos a consecuencia de las insurrecciones en Cuba y en Filipinas, y de la guerra con los Estados Unidos. Recíprocamente, los Estados Unidos pondrán en libertad a todos los prisioneros de guerra hechos por las fuerzas americanas, y gestionarán la libertad de todos los prisioneros españoles en poder de los insurrectos de Cuba y Filipinas [...].
 M.ª Victoria LÓPEZ-CORDÓN y José URBANO MARTÍNEZ, Análisis y comentarios de textos históricos.II. Edad Moderna y Contemporánea, Madrid, Alhambra, 1978, pp. 305-306.   

La crisis finisecular en España no es una gran hecatombe política ni económica, sino que se trata de una crisis de ideas y de identidad. Las consecuencias del Desastre no afectarán a un gobierno ni a la monarquía, ni tan siquiera trastocará demasiado la maltrecha economía española. Esas consecuencias se instalarán en la idiosincrasia de un colectivo de intelectuales que gritarán por la necesidad de cambiar el sistema, viciado y corrupto, para poder impulsar la modernización. En otras palabras: la consecuencia del Desastre del 98 se llamará Regeneracionismo.

El texto es un fragmento de los Tratados de París que se firman entre EEUU y España al finalizar la Guerra que enfrentaban ambos países por el control de la Isla de Cuba y Puerto Rico. Son cuatro artículos: los tres primeros suponen el cambio efectivo de la soberanía de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. El artículo 6 habla sobre el intercambio de prisioneros.

El conflicto con EEUU realmente es tardío. La primera insurrección de Cuba fue en 1868 y finalizó en 1878 con la Paz de Zanjón y un amplio elenco de promesas que apaciguaron las reivindicaciones de los independentistas cubanos. Pero las promesas se diluyeron entre turnos, pucherazos y encasillados, por lo que en 1895 los insurrectos cubanos volvieron a gritar, esta vez en Baire, y con la firme intención de no ceder hasta obtener la independencia. Un año después, en Filipinas, Rizal y los suyos iniciaban lo que se llamó la revolución tagala, que perseguía idénticos objetivos: la independencia.

El gobierno de la metrópoli tomó el asunto como una cuestión de honor y no dio ni un paso atrás. En Cuba incrementó hasta 200.000 soldados el destacamento inicial que no superaba los 10.000. Pero el problema surgirá en la opinión pública, pues la mayor parte de estos soldados no morían en la guerra sino de enfermedades tropicales u otras derivadas de una mala alimentación o de un inadecuada indumentaria.

Mientras, en España se producía una división entre los que defendían a muerte la soberanía española (recordemos que en Europa se están repartiendo el pastel colonial) y los que abogaban por la concesión de la independencia. Así, EEUU intervino diplomáticamente en el conflicto y se ofreció a España a comprar la Isla en pro de la Doctrina Monroe (América para los americanos). Pero el gobierno español consideraba aquello como una humillante solución, y continuó el envío de tropas a pesar del rechazo popular.

En 1898, en las costas de La Habana se produce la explosión de un barco norteamericano, el Maine, que va a precipitar los acontecimientos. EEUU lanza un ultimátum a España y ante el rechazo comienza una guerra que se abre en tres frentes (Cuba, Puerto Rico y Filipinas) y que apenas durará dos meses. La victoria de EEUU fue realmente sencilla.

La paz se empezó a fraguar en agosto pero no fue hasta diciembre cuando se firmó definitivamente en París. En virtud de ella, España perdía los últimos rescoldos del imperio colonial, y además, estos pasaban a estar bajo la jurisdicción de otro país: EEUU.

Desde un punto de vista político, no hubo consecuencias. Nadie pagó por la machada. Eso sí, en el  estrato militar, el descontento estaba patente. Desde otro punto de vista, el económico, el fin de la guerra supuso el fin de la sangría para la Hacienda Pública y la repatriación de los capitales privados invertidos en la isla, lo cual iba a repercutir positivamente en al economía nacional. Lo peor fue el gran agujero que dejó el conflicto en la deuda pública.

Pero la humillación dejó un poso profundo en la psiqué colectiva. Se había perdido lo poco que quedaba del esplendor de la época del imperio, y además, éste había quedado bajo dominio estadounidense, es decir, que no se había producido una independencia sino un cambio de propietario. Esto se suma al alto coste humano de la guerra, con mucha inversión en soldados y pocos supervivientes ("más se perdió en Cuba y vinieron cantando").


Ese descontento se canalizó en un movimiento que estará muy presente en el primer tercio del siglo XX: el Regeneracionismo. Éste tuvo dos ámbitos importantes: por un lado, la generación del 98, que tuvo su reflejo en la literatura y en el compromiso social de los intelectuales más relevantes del país, como por ejemplo el manifiesto que firmaron Baroja, Maeztu y Azorín bajo el pseudónimo de "Los Tres" en el que pedían la transformación del Estado Social. Pero la rama más influyente del Regeneracionismo fue la representada por el aragonés Joaquín Costa. Éste abogó por el acercamiento a Europa, por el reformismo, por la autonomía local... pero sobre todo abogó por la educación (no en vano había sido profesor de la Institución Libre de Enseñanza) y por la España rural, lo que resumió en su tan repetido lema Escuela y despensa. También predecía que España necesitaba un cirujano de hierro para resolver sus problemas y que era necesario echar doble llave al sepulcro del Cid, en referencia a pasar página respecto a las glorias del pasado (olvidando, por ejemplo, la pasada gloria del imperio colonial, ya perdido) y mirar hacia el futuro y la modernización del país.

España pronto buscará resarcirse de la pérdida con la búsqueda de nuevos territorios coloniales, lo que culminará con el protectorado sobre el Rif marroquí y los graves problemas que ésto generará en España hasta 1925.

Si necesitas más información sobre la guerra y sus consecuencias la puedes obtener a partir de la página 13 del tema 6 del IES Sabuco.



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